I AM X O WE ARE X???

La primera vez que escuché a X Japan no podía creerlo: Heavy metal, tragedia, estética kabuki, pelos glam metal, ropajes victorianos y pianos barrocos, todo en la misma banda. Alucinante.

Teniendo una obsesión con Japón desde chica gracias a mi papá que trajo múltiples souvenirs de un viaje, fue amor a primera vista.  Nerd con alevosía y a mucha honra, en un momento en que no había  interés en la cultura oriental, me metí a estudiar japonés y conocí a mi partner in crime, con quién nos sabíamos las canciones de memoria y nos teñíamos el pelo como Hide.

Pero para ser honesta, creo que en cierto punto de mi vida, X Japan era demasiado drama para el que ya tenía y me alejé. Con mi amiga nos seguimos juntando pero sólo hace poco vimos el documental We Are X sobre la banda japonesa que cambió nuestras vidas y también, el mundo de la música, al menos en la tierra del sol naciente.

Tal como se afirma en el documental, en Oriente, hay un antes y un después de X Japan. Y es que todo en Japón era y sigue siendo bastante minimalista, desde su bandera hasta el estilo de interiores o el negro riguroso de Yohji Yamamoto. Pero en 1982 llegaron estos personajes que parecían haber surgido de una mezcla entre el kabuki y los cómics de super héroes, con elementos extraídos del glam metal que recién se empezaría a popularizar a mediados de dicha década. Paralelo a esto, la sociedad nipona, se caracteriza por ser igual de discreta y altamente conservadora. X Japan era lo contrario a todo lo tolerado en Japón: estrafalarios, dramáticos, su ropa y pelo lleno de volumen y colores. Sus canciones hablaban de suicidio, sangre y sexo desenfrenado y no tenían pudor alguno para exhibir (y exagerar) sus emociones, algo bastante íntimo para los japoneses.

X Japan es como el sashimi. No es para todos. Independiente de su criticada pronunciación del inglés (que ellos mismos han asumido) y de su asociación superflua con estilos de música y animación, todos quienes han pasado por sus filas son músicos con talento de sobra. Pero más allá de su influencia en el visual kei y hasta en el diseño de moda japonés, la historia de X Japan como banda es espeluznante. Marcada por suicidios, mitos y sectas, hay demasiado de qué hablar.

Yoshiki, baterista, es efectivamente una figura importante y el líder tipo Michael Jackson o Mick Jagger, quien está pendiente desde el logo, hasta la pirotecnia, las finanzas y por supuesto, la música. El error de We Are X es el nombre del documental, que debería netamente centrarse en Yoshiki.

Yoshiki

Es un filme de 101 minutos, muy bien hecho, que ganó el galardón por Mejor Edición Documental en el Sundance Film Festival, premio bien merecido, porque las tomas de escenario, fragmentos de videos y música llegan a la médula. Con entrevistas a Stan Lee, Gene Simons, Marilyn Manson y George Martin (productor de The Beatles), We Are X es rápido y fácil de ver. Sin embargo la historia de Yoshiki es forzadamente introducida en el largometraje, irrumpiendo la fluidez para contar la historia, supuestamente de X.

Nadie le quita méritos a Yoshiki. Su historia es inspiradora. Su entrega en el escenario, incuestionable. Su dosis de drama es parte de la esencia de X Japan. Para qué hablar de su talento desbordante. Sin embargo, se ahonda más en su vida que en la banda.

Cada vez que crees que el documental despegará, revelando información sobre el misterioso suicidio del guitarrista Hide, la salida de Taiji, el ‘lavado de cerebro’ de Toshi o las múltiples aristas que se pudieron tocar como la idolatría de los fans al punto de acompañar en la muerte al fallecido violero, el documental vuelve a Yoshiki con alguna enfermedad.

Fans de Hide lloran su suicidio en 1998

De modo que We Are X es un mal documental sobre X Japan pero un gran película sobre Yoshiki y su entorno, donde el grupo queda desplazado, lo que no es bueno. Acá el tributo que hay que rendir es a una banda que cambió la historia de la música; que, cuestionada por periodistas y vilipendiada por su idioma, se atrevió a apostar; a los que ya no están y su legado; a los que recapacitaron y no abandonaron su creación; también a un líder que ha hecho que la maquinaria de X Japan siga andando pero siempre en el marco de la indiscutible trascendencia de su música, como banda.

Yoshiki y Gene Simons de Kiss

Y si me preguntan , ya no hablo nada de japonés. Uno lo pierde sin práctica, los dos alfabetos que alcancé a aprender son un parpadeo intermitente en mi memoria que se activa con algún menú o subtítulo. No así el legado de esta tremenda banda que he escuchado y me sigue sorprendiendo cada día, con la misma música pero diferentes historias y lecturas a medida que pasa el tiempo. Ese es el objeto de homenaje ¿o no Yoshiki?

 

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