THE RISE AND FALL OF MR. SMILE

No todo es felicidad en el Power Metal. Ingo Schwichtenberg definió un estilo e influenció a una generación de bateristas. Impecable, enérgico, fugaz y apoteósico, tal como su final, uno de los más macabros de la historia del rock and roll. 

Existen varias formas en las que puedes cambiar la historia. Ingo Schwichtenberg  lo hizo silenciosamente, tras el podio de una batería, tocando como si no hubiese un mañana, ascendiendo fulminantemente y extinguiéndose de igual manera para luego sumergirse en el ingrato olvido.Aunque sus fans lo recuerden. Aunque Helloween lo reviva una y otra vez en cada fecha de su gira de reunión Pumpkins United en la que reservan unos minutos para rendirle tributo, Ingo es rara vez mencionado dentro de los bateristas más influyentes de la historia. Impecable y enérgico, Schwichtenberg  instauró un estilo que marcó a generaciones de Heavy y Power Metal.

Entre 1987 y 1988 fueron lanzadas joyas del hard rock y heavy metal como Ram it Down de Judas Priest, Appetite For Destruction de Guns N’ Roses, Girls Girls Girls de Mötley Crüe y Seventh Son of A Seventh Son de Iron Maiden. En ese mismo lapso, Helloween destacaría en la escena con Keeper of the Seven Keys I y II, definiendo el sonido de un nuevo estilo conocido como Power Metal : Bajo y batería se unían en un galope, guitarras melódicas, letras de epopeya, humorísticas o de naturaleza ‘happy’; con un vocalista con un registro agudo, capaz de competir y hasta dejar en ridículo a la misma Mariah Carey.

En un mundo de tachas, cuero y motocicletas, Helloween era una rareza e Ingo era apodado ‘Mr. Smile’. No se lo tomaban muy en serio, se reían de ellos mismos. Desde los videos jocosos como I Want Out hasta el humor en temas como Rise and Fall. Eran los nerd ante los ojos del resto de la clase. Pero tocaban como endemoniados. Mr. Smile era pura energía y sonrisas y su sonido también : happy, dinámico, épico, rapidísimo.

Ingo creció en una familia típica alemana e iba a un colegio conservador pero siempre escuchaba rock y se vestía como sus ídolos, lo que ocasionó más de algún problema en la escuela y su tradicional círculo. Su hermana Laura, lo recuerda como “muy independiente y a pesar de ser tildado de loco o drogadicto, era adorado por quienes lo conocían.”

Su relación con la música comenzó a través de un instrumento curioso: en su adolescencia  comenzó a tomar lecciones de clarinete. Fue cerca de esa época que formaba parte de la banda del colegio, cuyo baterista era terrible, tanto que “no pude soportarlo y me senté a la batería, toqué y me gustó, Creo que yo tenía 14 años… Yo sabía que iba a tocar en serio desde entonces”.

Y así fue. Su familia, uno de los ejes en la vida del baterista, estuvo siempre ahí para apoyarlo permitiendo que ensayara después del colegio. Su mamá había muerto cuando tenía 10 años, por lo que su núcleo estaba compuesto por Laura  y su papá, Heinz, quien le compró su primer kit de batería en 1980, mismo año en que conoció a Kai Hansen y su vida cambiaría.

La aprobación de su padre era importante y cuando Ingo le mostró la participación de su banda en el compilado Death Metal de 1985 donde figuraban junto a otros grupos como Running Wild, Ingo recuerda que “La portada era un hombre repugnante destripado. Mi papá, frunció el ceño al verla y miraba con recelo el disco, pero cuando escucho “Oernst Of Life” y “Metal Invaders” parecía estar satisfecho con la melodía y me dijo ‘¡Sigue adelante!”

Ingo era un tipo esforzado y positivo. Para comprarse su primer kit de batería profesional pasó por trabajos extenuantes y de jornadas eternas, desde labores administrativas hasta el mercado de Hamburgo, del que cuenta “A pesar de que era un trabajo duro a partir de las 6 de la mañana, aprendí un montón de cosas allí. Creo que fue bueno para mi haberlo hecho”.

Ingo, Kai  y Markus Grosskopf, formarían junto a Piet Sielck (futuro Iron Savior) la banda Gentry, que pasó a ser Second Hell y luego Iron Fist. Piet deja el grupo y entra en escena Michael Weikath, conformando el núcleo oficial de lo que posteriormente el mundo conocería como la primera versión de Helloween.

La primera versión de Helloween. De izquierda a derecha : Michael Weikath (guitarra), Ingo Schwichtenberg (batería), Kai Hansen (guitarra) y Markus Grosskopf (bajo)

Según fuentes no oficiales y compitiendo con versiones que cuentan otra historia, el nombre con el que se dio a conocer la banda que creó el Power Metal, sería de hecho, obra de Ingo, que en 1984 se obsesionó con la película Halloween y propuso hacer el cambio de nombre, reemplazando la A por la E para que sonara a ‘infierno’.

Con Kai Hansen en las voces, en 1985 firmaron contrato con Noise Records, sello con el que lanzan su aclamado debut Walls of Jericho, una mezcla furiosa y adrenalínica de heavy con thrash y speed metal, un sonido poco prolijo y un cantante de voz nasal, con un registro que llegaba a los tonos pero un tanto limitado. Lo de Hansen era la guitarra, por lo que reclutaron al vocalista Michael Kiske, amigo de Ingo.

La formación clásica de Helloween : Michael Weikath, Michael Kiske, Kai Hansen. Abajo: Markus Grosskopf e Ingo Schwichtenberg

Contando con Kiske ya en las filas, Helloween lanzó Keeper of the Seven Keys, que era pensado originalmente como un disco doble. Sin embargo el sello pensó que Helloween aún no era un nombre tan potente como para tal hazaña y decidió lanzarlo en dos partes, a lo Kill Bill. Y a lo Kill Bill arrasaron con todo a su paso, consagrándose en muy poco tiempo, pasando de ser una promesa del heavy metal a referentes en tan sólo unos años.

En vivo eran una máquina. Tocaban igual o mejor que en el disco, Kiske llegaba a cada uno de los tonos, los metaleros de la época miraban atónitos preguntándose si era real o había algún truco. Ingo no cometía errores, su batería echaba humo. La dupla Hansen/Weikath era letal  y el bajo de Grosskopf, incendiario.

Michael Kiske e Ingo

En medio del éxito, del cuero y las tachas, Ingo conservaba su faceta risueña, tanto que la grabación del video de I Want Out fue una tortura para el resto de la banda y particularmente para Kai Hansen, que habría tenido una pelea con Mr. Smile en el set porque éste debía salir de la piscina sin sonreír y cantando el famoso coro a la cámara, lo que fue imposible, por lo que debieron cortar la escena antes que el rostro sonriente de Ingo apareciera.

Sin embargo, bajo la superficie, lo que se movían era turbulentas aguas. Ingo padecía una esquizofrenia hereditaria  y el uso de alcohol y drogas como cocaína, calmantes y anti depresivos no mejorarían su situación.

Como si su propio tema Rise and Fall fuera una maldición, la carrera fulminante de Helloween comenzó a caer de igual manera. En 1989 Kai Hansen, uno de los motores creativos y fuerza conciliadora, decide dejar la agrupación debido a diferencias musicales, cansancio y roces creativos con Michael Weikath. De hecho, el mismo tema en el que Ingo les dio dolores de cabeza, I Want Out, fue escrito por Hansen modo de catarsis: “No sólo quería salir de la banda, era una sensación generalizada sobre todo lo que estaba pasando: mal management, gente diciéndonos qué hacer y dónde estar, discusiones internas sin fin… Yo solo quería rockear.”

En su reemplazo, entró Roland Grapow pero la banda tuvo problemas con Noise Records por aliarse con EMI para futuras producciones. Esta demanda impidió que Helloween sacara material por dos años, lo que dañó la continuidad del éxito de Keeper of the Seven Keys. Recién en 1991 lanzan Pink Bubbles Go Ape, un disco donde la dirección del grupo cambia hacia una faceta más melódica, sumamente criticado pero no tanto como Chameleon, su sucesor de 1993, que dividió a los mismos fans de la banda y recibió juicios lapidarios.

Helloween en 1991 : Ingo Schwichtenberg, Markus Grosskopf. Abajo : Michael Kiske, Michael Weikath y Roland Grapow

La salida de Kai Hansen fue un factor que devastó a Ingo. De hecho, el guitarrista ha comentado que hasta hoy, recuerda a Ingo como “un amigo de verdad, bueno y leal” y admite sentir que su partida tuvo que ver con su muerte “como si de alguna manera lo hubiese quebrado”. Según la página Helloween Brasil, Hansen ha dicho arrepentirse  de no haber llamado a Ingo para formar parte de Gamma Ray.

La sonrisa de Mr. Smile comenzaba a apagarse. Ingo creía que al tratarse de un trastorno mental, su esquizofrenia era controlable sin medicamentos. Sin embargo su situación comenzó a tomar otros ribetes. Ante la mirada atónita del resto, un día, en una reunión, Ingo se subió arriba de una mesa diciendo que podía volar. A veces rompía en llanto sin poder parar, imposibilitado de salir a tocar. En otra de las muchas ocasiones en que su enfermedad y el uso de drogas desataron consecuencias desastrosas, el batero colapsó en medio de un show y debió ser trasladado a un centro asistencial.

En una conversación que duró 6 horas, Michael Weikath fue quien tuvo la dura tarea de despedirlo de la banda en 1993, no de manera definitiva pero sí hasta que se recuperara, bajo la condicionante que tratara su enfermedad. Esto fue el detonante para una aguda depresión. Michael Kiske se fue el mismo año. Se dice que afirmó no volver a Helloween hasta que trajeran de vuelta a Ingo.

Digno de la caída de una estrella de rock, los últimos días de Schwichtenberg están atestados de mitos y rumores. Según fuentes desconocidas pero citadas en Wikipedia y numerosos sitios, ese fatídico año, Ingo habría dicho en una entrevista que lo más importante para él era “Mi esposa, que me encanta, mi hijo, mi padre, mis tambores, mi salud y por supuesto … Helloween”. Cuenta la leyenda que su supuesta esposa lo abandonó fugándose con su vecino y amigo y que su hijo murió junto a la niñera en un accidente automovilístico.

Sin embargo, otras fuentes han afirmado que dicha versión es rechazada por el círculo más cercano a Ingo, argumentado que el batero no tenía hijos y tampoco se casó.

Lo que sí es seguro, es que Helloween era un pilar en su vida. Un pilar que ya no estaba. En 1994, Ingo ingresó a un programa de rehabilitación pero seguía reticente, ya que comentaba a los médicos que no había motivación para su recuperación. El mismo año, todo se desmorona cuando su padre fallece.

El 8 de Marzo de 1995 nada especial acontecía en la estación de Friedrichsberg en Hamburgo. Era un día soleado de primavera. Pocos testigos se dieron cuenta de que en un asiento, un hombre de pelo largo y rizado lloraba amargamente. Cuando reunió todas las fuerzas necesarias, convencido de que no había salida, llevando una polera de Helloween puesta, Ingo Schwichtenberg se arrojó a las vías cuando el tren llegaba a la estación.

Nada especial acontecía en Friedrichsberg hasta ese momento. Un tipo se tiró a las vías del tren y murió al instante. Había dejado una carta a su hermana, donde concluía “Gracias por todo. Lo siento, pero no tengo forma de salir”. No lo mencionan a menudo cuando se habla de la historia del rock pero el hombre había creado un nuevo estilo de tocar batería. Ese día Mr. Smile dejó de sonreír, dejando un legado que desmitificó el heavy metal. Y es que aunque sabemos el trágico final de la historia, a Ingo lo recordamos por sus baterías de ametralladora y su sonrisa. Opuestos y complementarios. Cómo de tanta luz surgió la más densa oscuridad. No todo es happy en el mundo del Power Metal. Es un juego de luces.  “Is the rise and fall the price for all” rezaba la canción.

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