ROB HALFORD Y EL INFIERNO DENTRO DE UN CLÓSET

25 años después de inspirarse en el look S&M para vestir la música de Judas Priest, en 1998 a Rob Halford se le escapó en una entrevista que era gay, demostrando con creces por qué el infierno se doblega ante el cuero. Esta fue su travesía.

1978. Una tropa de metaleros, la mayoría adolescentes, probablemente teniendo sueños húmedos con Farrah Fawcett y recitando líneas de temas como “Hey little Donna, sweet Little Donna, you know, goodbye is hello cause I’m on the road” , ostenta sus muñequeras de cuero, sus biker jackets llenas de puntas y los más afortunados, botas largas del mismo material, sin saber que la génesis de dicho look fue ideada por Rob Halford. Ícono Heavy Metal. Ícono Gay. Elegido como una de las figuras más influyentes de la cultura LGBT por Rolling Stone este año.

Photo by Daniel Boczarski/Redferns via Getty Images

Halford de hecho, ha admitido que el bondage nunca ha estado dentro de sus preferencias y se confiesa como “un tipo de gay bastante vainilla*” pero le pareció que esa estética ligada al S&M del imaginario gay,  coincidía perfectamente con el sonido de Judas Priest y el objetivo de entregar una coherencia completa a la banda, culminando en una imagen que reflejara su música : teatral, apoteósica, áspera, metalizada, eléctrica, capaz de volar un edificio con un opening como el de Hell Bent For Leather , más veloz que la luz, más poderosa que el trueno.

En sus palabras, “La verdad, no me gustaba la ropa que usaban los chicos del grupo. Decidí agregar esta extravagancia a una música que de por sí era tan poderosa, más grande que la vida misma. Así que compré de todo en un sex shop de Londres llamado Mr. S. Por supuesto, pensé que era muy osado introducir elementos de S&M, pero a todo el mundo le gustó, así es que dije: ‘Sigamos adelante”.

El look fue tan bien pensado que prendió como fuego en pasto seco y Halford cumplió su objetivo : captó la esencia del sonido y lo tradujo a una imagen potente, transformándose en el uniforme de la cultura Heavy Metal hasta estos días. Él mismo admite que cuando ideó el concepto “La escena metal no tenía un look definido. Te ponías cualquier cosa”.

Pero lo más potente  en la carrera de Halford y Judas Priest no es sólo su música sino el simbolismo: que el creador de la recia estética Heavy Metal haya sido un hombre que se denomina a sí mismo un gay vainilla. Que el guitarrista Glenn Tipton, afectado de Parkinson y todo, haya grabado su último disco bajo un nombre colosal como Firepower.

Judas Priest y Halford son una fuerza de la naturaleza. Impredecible, incontenible, resiliente. Cuando Halford salió del closet, muchos metaleros se sintieron defraudados, incluso traicionados. Pero el cantante no engaña a nadie. Que quisiera mantener sus opciones en secreto es otra cosa y parte del derecho a privacidad de cualquier ser humano. Sin embargo, en una entrevista, Ian Hill indica que “Nosotros lo sabíamos. Creo que la mayoría de quienes lo conocían sabían. Siempre fue su opción. Él decidió mantenerlo en secreto por muchos años y tenía sus razones. Pensó que sería mejor si se lo guardaba quizás. Ninguno de nosotros se iba a interponer en su camino respecto a sus decisiones”.

La verdad nunca nadie logró cruzarse en su camino. Rob Halford nació en la casa de su tía, de improviso, a la hora que le plació.  Vivió en un hogar normal en Walsall, cerca de Birmingham Inglaterra, donde aún tiene una casa. En un lugar que entregó al mundo insignes bandas del estilo como Led Zeppelin y Black Sabbath, es probablemente la dureza del entorno y la cruenta vida industrializada lo que contribuyó a la atmósfera de un género coherentemente llamado Heavy Metal.

Contrario a lo que se ha afirmado en algunos medios, creció en un hogar con base cristiana pero secular, donde raramente se hablaba de religión o espiritualidad, en una familia donde “ibas a la iglesia para bautizos, bodas y funerales”.

Fue una niñez dura pero con buenos recuerdos : “Hay partes de West Midlands que son muy pobres pero es gente buena, de esfuerzo. Cuando nací a principios de los ’50, la Segunda Guerra Mundial había terminado hace poco y aún había racionamiento pero la gente estaba muy orgullosa y determinada a renacer fortalecida. La vida era muy dura. Mi papá trabajaba en una industria de acero y mi mamá desde la casa pero fue una bonita niñez”.

Lo más encantador de Rob Halford es precisamente su peculiaridad dentro del entorno y los estereotipos asociados con éste; el hecho de que alguien tan atípico en el mundo del Heavy Metal, sea tan importante y respetado en la escena. Claramente no es el tipo rodeado de chicas pero tampoco de chicos, o sea, de Don Juan no tiene nada. De personalidad dulce y muy educado, Halford tampoco era el rebelde sin causa : “No recuerdo tener problemas con mis papás. Ambos eran muy abiertos a todo lo que hiciera felices a sus hijos”, incluyendo sus preferencias sexuales. Halford cree que siempre supo que era gay pero que se dio cuenta patentemente a los 12.

Eterno partner de su hermana Sue, fue ella quien le presentó a su novio de entonces y quien sería su futuro esposo por algunos años, Ian Hill, con quien Rob terminaría tocando e una banda llamada Judas Priest, que en ese entonces hacía  algunos covers de Hendrix, además de temas propios y se encontraba bajo el alero de la empresa de management del guitarrista de Black Sabbath, Tommy Iomi.  

La rudeza de Birmingham le enseñó  al grupo  “el valor del trabajo” en palabras del mismo Halford, que agrega “creo que la ética de Judas Priest viene de ahí. Siempre hemos sido músicos trabajadores. Nunca tomamos nada por sentado y aún conservamos esa conexión con el por qué queríamos hacer una banda”.

Influenciado por cantantes reconocidos por sus gritos como Little Richard, Janis Joplin, Robert Plant y el histrionismo de Freddie Mercury, la voz de Halford creó una escuela en el Heavy Metal, caracterizándose por sus rasgos operáticos, llegando a tonos agudísimos, con un vibrato eterno.

Sexo, drogas y rock and roll. Pero Rob Halford estaba aplicando solamente la segunda y tercera enmienda de esta consigna. Mientras sus compañeros se iban a clubs de strippers, él se aburría. No quería seducir a ninguno de los jóvenes que lo adoraban porque eso implicaba perderlos como fans. Se enamoró de tipos casados y se lo sufrió todo : “Nunca tuve groupies! Y eso es lo más triste. Fui célibe prácticamente durante casi toda mi carrera musical. Lo más cerca del sexo que estuve fue el momento en el que me iba al hotel y me hacía una paja. No quiero destruir la idea de nadie sobre este estilo de vida pero básicamente tocas, te bañas, comes algo y te vas a tu pieza en el hotel… solo!”

Por miedo a destruir su carrera y la de sus compañeros, Rob Halford guardaba en un closet de acero y bajo varias llaves sus preferencias sexuales: “El tema con la gente gay es que, hasta que salimos del closet, siempre estamos protegiendo a alguien. Tratamos de vivir la vida de otra gente y es lo peor que puedes hacer. Tienes que aprender a amarte a ti mismo y vivir tu propia vida. Sólo así puedes entender todo”.

En el documental Behind The Music de VH1, Rob Halford indica que esconder su sexualidad durante su carrera en Judas Priest le causó una depresión ascendente y un aislamiento que terminó en abuso de drogas y alcohol.

En 1986, Judas Priest experimentó con sintetizadores en su disco Turbo y hasta trabajó con Stock, Aitken and Waterman, productores de Rick Astley y Samantha Fox en el cover You’re Everything de The Stylistics, track que no vio la luz hasta 2017, luego de 30 años.

Mientras se desataba el infierno en el mundo del Heavy Metal en vista de los teclados en Turbo,  Rob Halford vivía un dantesco escenario paralelo, lidiando con un abuso de sustancias de graves proporciones que terminaron en una sobredosis intencional de antiinflamatorios, a lo que se sumaron peleas monumentales con su pareja de ese entonces, quien terminó suicidándose en su presencia, hecho que determinó que el cantante decidiera rehabilitarse.

Entre Turbo y Screaming For Vengeance, Halford se remitió a la base cristiana de su familia, lo que jugó un rol crucial en su recuperación :  “Encontré la fe cuando dejé de beber y consumir drogas. Y una vez que lo hice comenzó mi proceso de curación y desde entonces siento mucho más paz interior. Empecé a apreciar qué era lo importante en mi vida y qué no. Solía tomar tanto que me despertaba al día siguiente y no sabía cómo volver a casa. Me di cuenta que no necesitaba esto para escribir música”.

Volvió hecho un hombre nuevo. Calvo, con tatuajes, renunciando a los sintetizadores, con un demoledor disco. Wings of Steel, Painkiller. Lamentablemente, el nuevo álbum de Judas Priest en 1990 coincidió con lo que el mismo vocalista llama su “mid-life crisis”.

Musicalmente eran una bala. Emocionalmente, Judas Priest no estaba en un buen momento. En 1990 el grupo recibió una demanda que los acusaba de ser influencia directa en el suicidio de James Vance (20) y Raymond Belknap (18) en Nevada, a través de la letra de Better By You, Better Than Me. En una carta, uno de los chicos indicó que la música que escuchaban en el momento de decidir pegarse un tiro, los ‘hipnotizaba’ , a lo que se sumó que según las familias de las víctimas, el tema contenía mensajes subliminales como  ‘do it’, ‘try suicide’ y ‘let’s be dead’ al dar vuelta la cinta.

El juez absolvió al grupo pero el proceso los había dejado profundamente devastados, lo que desembocó en un show en Toronto, cuando Halford entró al escenario en una Harley-Davidson y chocó con un pedestal, cayendo y quebrándose la nariz. Luego de recobrar la conciencia, el vocalista volvió al escenario y cantó hasta terminar el concierto. Sin embargo, en Behind The Music, Halford cita el episodio como uno de los eventos que marcaron el quiebre entre él y el resto del grupo.

Después de casi 20 años de carrera con Judas Priest, el cantante anunció su retiro de la banda en 1992. Su salida no fue fácil, porque según Halford “Estuvo inmersa en situaciones legales complicadas que no permitieron un tour de despedida amigable. Me atribuyo toda la responsabilidad de eso. Fue mi opción el hacer las cosas de esa manera y hasta ahora, entiendo por qué todos estaban tan enojados”.

Una vez fuera de Judas, el vocalista formó Fight junto al batero de su ex banda, Scott Travis y se embarcó con el guitarrista John Lowery en el proyecto industrial/goth 2wo, bajo la producción ejecutiva de Trent Reznor de Nine Inch Nails.

Irónicamente, más que un acto de rebeldía o ímpetu, su salida del closet fue casualidad. Halford estaba dando una entrevista con MTV en 1998 cuando “Sólo decía lo que se me venía a la mente y de repente se me salió ‘Bueno, hablando como un hombre gay…’ Ahí escuché un ruido y era que al productor se le había caído su pizarra al suelo”.

Entonces vino la angustia. Esa sensación vertiginosa de que no puedes parar la vorágine, el desastre inminente. Eso mismo que sientes cuando ya enviaste ese e-mail… y a tu jefe, cuando lo dijiste y entonces te acuerdas de que era un secreto, cuando sientes que ya no tienes el celular en el bolsillo.

Rob Halford volvió a su hotel pensando en qué mierda había hecho y que se iba a desatar un colapso “Creo que tenía un miedo exacerbado de destruirme a mí mismo. Nunca más me iban a ver como un cantante de metal. Voy a destruir a Priest por mi vínculo con ellos. Todo era una paranoia auto infringida. No afectó ni un poco a Judas: las ventas no bajaron. La asistencia a los shows tampoco. El amor incondicional te acepta como eres y creo que fue una bendición que tuve por parte del público”.

Sin embargo y a pesar de muchas malas reacciones de los fans, ante las que ahora dice no preocuparse porque no puede enojarse frente a “tales muestras de ignorancia y estupidez”,  la mayoría de la comunidad demostró su apoyo. Comenzó a recibir llamadas, cartas, faxes de fans y colegas, incluyendo a Phil Anselmo (Pantera), Roddy Bottum (Faith No More), Maynard James Keenan (Tool) y Tom Morello (Rage Against The Machine): “Ese fue un momento inspirador para mí y para el metal. Porque por mucho tiempo, éste ha sido la oveja negra del rock and roll, nunca generó respeto, siempre está al final de las filas. Y ahí pensé ‘esto es genial’. Esto demuestra que nosotros como metaleros, probablemente por el mismo hecho de ser discriminados por la música que escuchamos, somos los más tolerantes, los más abiertos de mente, los más cariñosos y acogedores dentro de todos los géneros del rock and roll”.

Luego de Fight y 2wo, Halford volvió a sus raíces Heavy Metal en 2000 con el aclamado álbum Resurrection, que para muchos sonaba más Judas que Judas mismo, cuyo disco previo Jugulator (1997) fue grabado con el cantante Tim Ripper Owens. Esto comenzó a generar expectativas de una vuelta de Rob a Priest, cosa que él negó en un principio, intuyendo que en algún momento pasaría. En 2003 y luego de su segunda placa solista Crucible (2002), Rob Halford regresó triunfante a la banda en que inició su carrera y grabaron Angel of Retribution en 2005.

En 2011, Judas se embarcó en lo que sería su tour de despedida, Epitaph World Tour. Pero no fue así, siguieron Redeemer of Souls (2014) y la entrega de este año, el aclamadísimo Firepower.

La trascendencia de Rob Halford y Judas Priest es a prueba de todo. En la revista gay The Advocate, misma publicación a la que el vocalista agradeció al salir del closet en 1998, aseveran: “La significancia de una estrella de heavy metal saliendo del closet dentro de uno de los géneros más Neandertales en la música, es incalculable. En el mundo del Heavy Metal, con su imaginería dominada por la adoración al diablo y guitarras eléctricas más canciones sobre ‘consigamos chicas’ y una audiencia obrera, vulgar y heterosexual, es un gran avance ¿Qué hombre gay se atrevería a declararlo a riesgo de perder su carrera? Incluso Freddie Mercury se llevó el secreto a la tumba, jamás haciendo una declaración pública”.

No es una impresión agradable pero quizás sí es representativa respecto a cómo el resto del mundo ve o veía el Heavy Metal. El mismo Halford admite que “no tengo relación en absoluto con los medios gays. Nunca me han llamado de alguna publicación porque creo que el Heavy Metal aún es visto como muy de ‘macho’, un ambiente mayormente masculino y los medios gays lo tratan con distancia”.

Sin duda Rob Halford es el estandarte no sólo del Heavy Metal, sino de la apertura dentro de éste. Uno de sus mayores logros es haberse inspirado en la estética gay para vestir a una cultura mayormente heterosexual. Un logro y una consigna, que demuestra que tanto los colores como la música son transversales.

¿Cómo pasas de ser un gay tipo vainilla a Metal God? La verdad es que, a pesar de todo lo descabellado que pueda sonar, no lo es tanto. La dicotomía en Halford apunta a los matices en el discurso del Heavy Metal, raramente percibidos por la mirada externa. Por un lado la exacerbación del sexismo. Por otro, la idolatría mayormente de hombres hacia hombres y esto, lejos de juicios de valor. Por un lado las guitarras estridentes, la explosión de baterías y por otro, el lamento romántico en Prisoner of Your Eyes de los mismos Judas o la vulnerabilidad en la letra de Fear of the Dark de Iron Maiden. Romper la ley pero también tu propia ley y los códigos establecidos dentro de un nicho con visiones altamente rígidas hasta ese entonces.

Porque al final, ¿qué es el Heavy Metal si no ir con la verdad por delante? Wings of Steel. Resiliente y por sobre todo, valiente.

*Se atribuye al término ‘vanilla sex’, que implica sexo sin bondage, S&M, posiciones exóticas o ‘perversiones’. Básicamente sexo regular.

 

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