CRÓNICA DE UNA EXPERIENCIA RELIGIOSA

Perry Richardson, bajista de Stryper

Recuerdo perfectamente el día en que decidí renunciar a la religión cristiana, que tanto profesaban en mi colegio y en mi casa, al menos parte de mi familia. Mi primer acto simbólico fue sacar una virgencita que mi mamá había puesto en la cabecera de mi cama. Todavía recuerdo la mirada atónita de mi madre y mi abuela, jurando que estaba poseída por el demonio, azuzada por esa música del infierno y mientras mi abuela se persignaba, vi en sus ojos el futuro que vaticinaba para mí:  embarazo adolescente, dejar el colegio, en una relación con un chascón tatuado que me iba a sacar la cresta, probablemente robando para comprar pasta base.

Fíjese que no, no pasó nada de eso. Al contrario, el rock me dio una identidad y aunque sí, tuvo bastante que ver con hacerme pensar y cuestionar lo establecido, eso no cambia que uno tenga principios y no quita que uno sea buena  persona. De hecho, tengo la convicción de que la gente que más predica sobre religiones y espiritualidad es la menos confiable porque, ¿qué es lo que tanto tienen que demostrar al resto?

Al  menos en esa época no millenial, donde uno no podía decir ni pío, los colegios católicos se caracterizaban por ser altamente restrictivos desde el largo de la falda, el pelo, las uñas hasta mostrarnos macabros videos condenando la sexualidad y el aborto; una práctica demoníaca en que te shockean con imágenes cruentas a una edad en la que aún no entiendes bien las cosas. Gracias al famoso videíto, tuve pesadillas por meses.

Christian Liljegren de Narnia

En fin, con todo ese background, mi rebeldía contra la religión se fue agudizando con los años. Pero como todo en la vida, las cosas llegan cuando tienen que llegar. La primera vez que escuché Stryper coincidió con un momento en mi vida en el que estaba leyendo mucho, de diferentes corrientes y temáticas, por lo que mi cabeza estaba más abierta a recibir conocimiento de dónde fuera y a mirar las cosas de diferentes ángulos. Lo primero que oí fue To Hell With the Devil y fue un flechazo. La banda era tan buena que las letras me importaron un bledo. Y creo que a la mayoría de los fans de Stryper nos pasa eso.

De hecho, dos tercios de los seguidores del grupo no son cristianos (lee más en la nota El Viaje de Stryper por Sodoma y Gomorra) pero la sensación era otra ese 12 de Septiembre en el Teatro Caupolicán. No digo que todos los que estábamos ahí hayamos sido abruptamente iluminados y renegáramos nuestro pasado de pecadores a lo Little Richard o Dave Mustaine. No era el cristianismo lo que ocasionaba ese fervor, sino otra religión.

Exxocet abriendo la noche. Foto : Carolina Vergara

La jornada comenzó con los nacionales Exxocet. Su entrega, como cada vez que me ha tocado verlos es impecable aunque el sonido del Teatro Caupolicán no acompañe mucho la potencia de su música, cosa que se repitió con Narnia. Fuera de eso; puesta en escena, ejecución y temas altisonantes, perfectos para precalentar lo que venía.

Narnia

Creo que de hecho, Narnia bajó un poco el efecto logrado por Exxocet en el sentido de que todo venía muy heavy metal y siento que los suecos convirtieron lo que era un concierto en una misa por unos instantes. Quiero aclarar que esto es mera apreciación personal. Creo que no hay nada que decir sobre la música de Narnia en cuanto a su ejecución y el tremendo carisma de Christian Liljegren, que logró contagiar con su buena llegada y humor a muchos de los que no los conocíamos tan bien.

Sin embargo, aburre un poco el sermón en honor a Jesus Christ, los gestos de devoción de los músicos, dedos hacia arriba, palmas abiertas hacia el cielo. Es too much. Sí, Stryper también es una banda con letras cristianas pero omitieron la homilética, respetando nuestro libre albedrío en los instantes de interacción con la audiencia. A eso se suma que los problemas de sonido no dejaron exentos a Narnia de una sensación reventada, los teclados no se escuchan hasta bien avanzado el show, de hecho fue en Into This Game, la primera vez que los escuché con claridad y la potente voz de Liljegren se pierde al principio.

A las 10 en punto, entra en el escenario la primera banda cristiana de la historia en obtener un disco de platino. Con más años y más discos en el cuerpo pero la misma potencia, abren con In God We Trust, coreada por todos los presentes, emocionados como la primera vez. No olvidemos que el cuarteto estuvo en Chile en el 2010 pero la sensación es la de estar viendo el debut de Stryper en suelo chileno.

Justo a mi lado, en la reja frente al escenario, hay un niño de alrededor de 11 años que no puede más de la emoción, acompañado por su mamá. Lo veo y siento una mezcla de envidia sana porque me hubiese encantado poder ir a conciertos a esa edad con mis papás y un alivio de saber que las nuevas generaciones sepan apreciar esta música. Lo cierto es que estar en la reja nunca ha sido lo mío. No puedo moverme tranquila y creo que el rockero chico iba a apreciar mucho más el estar ahí, de modo que decidí sacrificar un poco la visión pero poder disfrutar bien los temas desde más atrás.

Calling on You me pilló en camino desde la reja a cancha, seguido de Free y More Than A Man, sin duda, uno de los puntos cúlmines de esa noche para todos los fans que adoramos To Hell With The Devil.

Generalmente no soy de la idea de que bandas del nivel de Stryper toquen covers. Creo que es preferible que muestren más temas originales en lugar de escuchar versiones de temas de otros. Pero, en vista de que el bajo ha sido tomado por Perry Richardson, ex Firehouse, el grupo se lanzó con All She Wrote, construyendo uno de los momentos musicales más memorables para mí al menos.

No sé si la hayan tocado en giras previas, la verdad no me gusta mirar el setlist antes del concierto porque siento que es un spoiler y de todas maneras, la hayan tocado en otros países o en la misma gira, eso no quita ese escalofrío que te recorre cuando se abre un agujero en el tiempo y el espacio y dos universos paralelos se funden : el sonido de dos bandas ícono de los años dorados del Heavy Metal y el presente captado en la pantalla de múltiples mini computadores llamados SmartPhone, casi atesorando el momento para corroborar que sí, fue real , Stryper estaba tocando un tema de Firehouse en el año 2019. Para contárselo a los nietos… o a las nuevas generaciones de rocker@s.

Una seguidilla de descargas que no paraba, porque luego del cover de Firehouse, la banda siguió con Honestly, In God We Trust y Always There For You ante una eufórica audiencia.

El grupo decanta en temas de sus últimas producciones como Yahweh de Fallen y Sorry de su más reciente trabajo God Damn Evil. Por suerte no tocaron Take it To The Cross, primer single de la placa, aunque en vista de lo bien que estaba sonando Stryper, creo que igual hubiese sido un triunfo. Y es que la banda, a diferencia de sus teloneras, se escuchaba fuerte y claro. El sonido de Robert Sweet es arrollador, ‘the visual time keeper’ tocando de lado, como es costumbre en sus shows y la voz de Michael Sweet se mantiene firme, aunque al final del show ya se siente bastante más cansada y usa el recurso de hacer cantar al público.

La clásica Sing Along Song es coreada por todos los asistentes, devotos no a Jesús, sino al sonido contundente de Stryper y sus temas himnos, melosos pero con ese filo Heavy Metal a más no poder.

Luego del encore, la banda continúa con la reciente The Valley y cierra con To Hell With The Devil.

Dos tercios de los fans de Stryper no son creyentes pero esa noche, la gente se abalanza a recibir biblias. No es un milagro, no estamos todos santificados. Hay una religión más fuerte y que no tiene credo ni raza (o no debería), porque la música es un lenguaje universal; ilimitado, inequívoco, inconmensurable. Esa noche fuimos todos benditos por el Heavy Metal.

 

 

 

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