REVIEW TOM KEIFER BAND – RISE

Es innegable que la voz de Tom Keifer es un prodigio, una piedra preciosa del hard rock y el sello de su ex banda, Cinderella. El hombre tiene esa voz de agua ardiente, melancólica a ratos, poderosa siempre, como si Brian Johnson y Janis Joplin hubiesen tenido un hijo.

Quizás no tiene un registro de 5 octavas como Axl o la sensualidad aterciopelada de David Coverdale. Ha tenido que pasar por múltiples cirugías desde la parálisis de las cuerdas vocales de su lado izquierdo y tuvo que aprender a cantar desde cero. Y es que además de la resiliencia y la actitud, Keifer posee un timbre único, perfecto para el hard rock y que ofrece otras ventajas como la versatilidad de dar con una melancolía que estremece en los temas lentos y en cosa de segundos, convertirse en un pandillero que intimida en los temas agresivos y callejeros con guitarras distorsionadas.

Este año, Keifer y su banda han lanzado Rise, seis años después de The Way Life Goes (2013). Producido por su esposa Savannah Keifer y Kyle O’Connor, Rise es un álbum que logra un sonido de rock and roll clásico, bluesero y hard rockero pero mucho más agresivo, más metal y moderno que su antecesor, lleno de callejeras slide guitars.

La placa abre con un opening super poderoso llamado Touching the Divine, que remite un poco a Long Cold Winter y Bad Seamstress Blues/ Fallin’ Apart at the Seams pero mucho más moderno, muy blues, con slide guitars y vibra callejera.

Sí hay un punto débil que se deja sentir desde el primer track y es que a ratos la voz queda un poco sobre producida con efectos, cosa que ocurre también en Hype y The Death of Me, el single del disco, que apela tanto en letra como en el video (producido por la esposa de Keifer y dirigido por Vicente Codero) a la difícil carrera del cantante, sus múltiples cirugías vocales y depresión.

Sin embargo, es en el tercer tema Waiting on the Demons,  donde Keifer definitivamente te atrapa. Su voz se luce en temas desvestidos, directos, muy folk, con una vibra más íntima, muy ‘americana’, cosa que fue aprovechada en The Way Life Goes pero desde un punto de vista más country, a diferencia de Rise que es más blues y más callejero .

Waiting on Demons remite un poco a What it Takes de Aerosmith y lo cierto es que Rise completo tiene un aire muy Pump que se resume en ese sonido bien americano, bluesero pero moderno.

El peso sigue en Hype, Rise y All Amped Up que remite a Hanoi Rocks y Michael Monroe, con esa vibra punk que sigue integrando siempre el blues electrificado y explota en la voz de Keifer, que grita mucho más que en sus entregas con Cinderella, incluso y se luce en temas como Breaking Down, algo que luego de la tormentosa lucha con su voz llega como inesperado y muy refrescante.

Life Was Here y You Believe In Me son baladas simples y honestas que hasta parecieran ser de otro disco, que rompen con el concepto del álbum pero a la vez son un lindo cierre  acústico, como dejando un recordatorio de que no importa lo pesada que pueda ser la música y los gritos desgarradores, la esencia de Keifer siempre estará en el folk, en esas canciones directas, casi unplugged, llenas de melancolía.

Rise es un buen disco que personalmente, habría desvestido más: menos teclados de acompañamiento y menos efectos. Estos son necesarios para conservar el toque moderno del álbum y con ello, preservar su esencia ecléctica y pesada pero sin abusar y evitando por todos los medios la sobre producción que para una voz como la de Keifer, es un accesorio que sobra y lo aleja de su esencia callejera, orgánica y melancólica.

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