REVIEW MICHAEL MONROE – ONE MAN GANG

Michael Monroe viene de una seguidilla de grandes discos, comenzando la década con Another Night In the Sun (2010), Sensory Overdrive (2011), Horns and Halos (2013), siguiendo con Blackout States (2015) y para nuestra alegría, el hombre no decepciona con su nueva apuesta One Man Gang.

Monroe, que luego de su decisiva carrera con Hanoi Rocks se consagró como uno de los precursores del Glam Rock, influenciando sonora y estéticamente a las bandas del estilo en los ’80, lejos de ser una estrella de rock atormentada, es y ha sido sobre todo un artista. Esto se refleja no sólo en su música, sino en una propuesta 360°, que además de canciones, incluye un look patentado por el finlandés y letras que hacen honor a la última placa de Hanoi Rocks, Street Poetry.

One Man Gang es un álbum de la calle, con mucha harmónica y sin tanto saxo; un disco de punk rock a la vena. A ratos más crudo como en el opening que da nombre al disco y a ratos más melódico y naif, más Ramones, como en Last Train to Tokyo y más metal en Junk Planet pero que al fin y al cabo, sigue siendo pura calle y puro punk.

Dentro de su línea callejera, este álbum es también un viaje sonoro que alimenta los oídos y la mente. Desde la ira en Black Ties and Red Tapes hasta la orquestación en la melancólica Low Life in High Places y los elementos españolados en Heaven is a Free State. Michael Monroe se las arregla para incluir elementos que construyen una experiencia sonora, lejos de un mero disco de hard rock. Quizás muchos de los temas no sean inolvidables pero sí incluyen detalles, arreglos y sonidos que llaman la atención y hacen del disco una experiencia.

Si One Man Gang fuera comida, sería una hamburguesa rellena con queso comprada en un carrito de la calle, apanada en crujiente punk rock, el pegamento que la unifica y con un relleno que activa las papilas gustativas.

Dentro de esa explosión de estímulos, está también la vibra noventera de Hollywood Paranoia, que remite a al grunge y al Nirvana de los primeros discos, al igual que Helsinki Shakedown que suena algo Foo Fighters.

No sabemos cuál es la fórmula de Michael Monroe para ese talento y energía inagotable, ni cómo hace para que cada disco suene diferente a pesar de seguir una misma línea y ser fiel a su esencia, ni para crear coros memorables después de innumerables canciones, ni para superarse a sí mismo luego de 40 años de carrera. Es seguramente parte de esa veta innata del artista. Y es que seguramente Van Gogh, Monet o Dalí no planeaban una y mil veces sus cuadros, sino que estos simplemente nacían. El artista tiene la capacidad espontánea de desplegar y equiparar elementos dentro de un todo y convertir una obra en un viaje. Es esa la esencia de Michael Monroe y One Man Gang, una expresión más de su arte.

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