MAIDEN, HUXLEY Y LA PESADILLA DE UN MUNDO FELIZ

Cuando Aldous Huxley escribió Un Mundo Feliz en 1932, Brave New World en inglés, pensó en las mayores aberraciones que su mente pudo crear. El resultado fue un mundo impersonal, donde la vejez y el embarazo eran tabúes, al igual que los sentimientos. Mientras más promiscuo, mejor. Eso indicaba que eras exitoso en tus relaciones. Además, ideó una casta de seres humanos, que iban del alfa al epsilon, los primeros eran las mentes más brillantes, destinadas a ocupar puestos de liderazgo, creativos y pensantes. Y así sucesivamente, los epsilon eran mano de obra, que destacaban por su fuerza bruta más que por sus propiedades intelectuales.

Aldous Huxley (1894 – 1963). Foto de Edward Gooch/Getty Images

Los que querían envejecer, amar o vivir de otra manera, eran rebeldes, destinados a una isla ‘prohibida’. Los que se quedaban en este mundo feliz, al llegar los primeros signos de vejez optaban por morir plácidamente a través de una inyección que los sedaba.

En 1958, Huxley volvió a escribir sobre su obra cúspide, en un ensayo llamado Nueva Visita al Mundo Feliz donde reconocía el horror que le producía el haber escrito tales aberraciones y ver que una a una, se cumplían en nuestra sociedad moderna. El miedo a la muerte, al compromiso, a enamorarse, el pavor a envejecer, la promiscuidad e impersonalidad en que se vive el vínculo amoroso actualmente y sobre todo, la parcelación de nuestra sociedad en castas, que son invisibles pero en verdad existen: alfas, betas, gammas, epsilon, sobre todo en países en que la desigualdad es tremenda.

En el 2000, Iron Maiden lanzó su disco de vuelta a las pistas con el aclamado Bruce Dickinson y una formación de 3 guitarristas, incluyendo al gran Adrian Smith que había dejado la banda luego de su obra maestra Seven Son of a Seventh Son.

El álbum se llamó Brave New World y se basó en el libro de Huxley. De hecho, también hace referencia a otras obras del autor como en la letra del tema que da nombre a la placa “Dying swans, twisted wings…”, apuntando al libro Viejo Muere el Cisne.

Brave New World, el disco, es una obra maestra basada en una obra maestra. Y con Dickinson y Smith de vuelta, era esperable que el resultado fuera así de implacable, atómico, avasallador.

Abriendo con el primer single The Wicker Man, el álbum llevó a los fanáticos de Iron Maiden a reencontrarse con la banda que atesoraban y que se tomó un tiempo para experimentar con distintos sonidos y un cantante con un registro totalmente distinto, como Blaze Bayley.

Mientras The Nomad, Dream of Mirrors y The Mercenary fueron escritas originalmente para Virtual XI con Blaze Bayley reclamando créditos en Dream of Mirrors, la recepción en general fue positiva. Para muchos no hay tema débil en la 12ava placa de Iron Maiden y para muchos es el último gran disco que lanzó la doncella de hierro.

Blood Brothers también comenzó su proceso en dicha época, escrita en honor al padre de Steve Harris y posteriormente dedicada a Ronnie James Dio y a medida que el tour mundial avanzaba, a todas las víctimas de alguna catástrofe, llámese el terremoto de Christchurch en Australia, el de Tōhoku, las revueltas en Egipto y Libia y el ataque terrorista en Noruega en 2011.

NME y Blabbermouth fueron de los pocos medios que criticaron negativamente el disco. Para los primeros, Iron Maiden sonaba obsoleto y poca cosa al lado de bandas contemporáneas como Korn y Slipknot, señalando que ya no eran los maestros de las artes oscuras. La crítica de Blabbermouth fue especialmente dura para un medio especializado en el género, afirmando que el grupo sonaba “cansado y sin inspiración” y concluyendo que Brave New World fallaría en dejar una marca en el la escena actual del metal”. Se equivocaron.

Por este lado del mundo el disco causó fervor. Jamás olvidaré que al día siguiente del lanzamiento del álbum, iba caminando por una de las calles que bordea el cerro Santa Lucía y un ciclista furioso, sin pinta de metalero ni de rockero, pedaleaba a toda velocidad en el paso bajo nivel que se encuentra en el área, cantando a todo pulmón “A brave new world… in a brave new world…”. Quizás fue suerte pero de no ser así, eso te habla de alcance. Del poder efervescente de un disco al otro día de ser lanzado, es una fotografía del momento.

En Chile y parte de Latinoamérica tuvimos la suerte de ser parte del Brave New World Tour junto a Rob Halford que en el 2001 promocionaba su disco solista.

Si bien no todas las letras de Brave New World están basadas en el libro de Huxley, se trata de una placa que a pesar de sonar clásica en cuanto a heavy metal, acuña el espíritu ciber punk y distópico del texto, la aberración en que la humanidad se ha convertido y que hoy, más que nunca experimentamos en el día a día con una pandemia que desmantela nuestro mundo y que quizás nos hace entender que el amor es la verdadera resistencia.

Brave New World refleja la pesadilla de Huxley y quizás de todos los que crecimos pensando en un mundo feliz (sin sarcasmo) y que pareciera romperse mientras suena Dream of Mirrors y el escritor se revuelca en su tumba por haber casi predicho la monstruosidad en que la humanidad se convertiría y nosotros nos quedamos mirando cómo una pandemia arrasa con todo lo que conocemos: “the dream is true…the dream is true…”.

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